En ocasiones tenemos que tomar alguna decisión que nos suele pasar factura el resto de nuestra vida.
Empezamos, por ejemplo en mi caso, cuando hacemos la selectividad y tenemos que escoger entre estudiar una carrera u otra, ya sea porque no sacamos la nota necesaria o simplemente porque tenemos que escoger una sola opción y nos decantamos por una y no por otra, en mi caso la opción fue por una carrera universitaria que no daba muchas opciones laboralmente, pero que a mi me gustaba, historia del arte...me decía a mi misma que con ella podría acabar trabajando en algún museo como era mi sueño y que disfrutaría catalogando piezas de las diversas obras de arte que allí entrasen, ya fuesen cuadros, esculturas, orfebrería, etc...
Esa decisión me cerró puertas a muchas otras opciones laborales y tristemente el mundo de los museos no era demasiado digno de entrar, para mi persona, ofrecían puestos poco cualificados y mal pagados, por lo que decidí sentarme a opositar...algo realmente duro y más cuando te citan a ir a examinarte con tu profesor catedrático ya de universidad y que opta a la misma plaza que tu...
Por tanto llego el momento de tomar un nuevo cambio en mi vida y buscar otras alternativas laborales.
Es por ello, que en muchas ocasiones, como ahora en el verano que con este calor sofocante, tienes que decidir si cervecita o tinto de verano, las decisiones que tomamos pueden hacernos conseguir una serie de metas u otras y que si por el motivo de esa elección no hemos conseguido algunos objetivos no nos derrumbemos y busquemos en las nuevas opciones la mejor de ellas para labrarnos un futuro mejor, lleno de posibilidades, que jamás habíamos pensado que podríamos optar a ellas.
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