Todos en esta vida para bien o para mal nos guste o no tenemos relaciones que nos ayudan a dar lo mejor de nosotros mismos y también sacan lo peor que hay en nuestro interior.
Ya sean relaciones de pareja, con amigos, con vecinos, con nuestros hijos...
Según quien sea nuestro interlocutor actuaremos de una manera u otra, pero siempre hay que intentar hacerlo desde el respeto y el cariño, si bien no por nuestro compañero de relación por nosotros mismos.
Sentada en el café Griñón, en plena Cours Mirabeau, mantengo una conversación con mi interlocutora, en este caso mi amiga mexicana que a pesar de tener unos años más que yo, nos entendemos desde el minuto uno y da gusto disfrutar de su compañía.
Como ella misma dice, con la gente puedes conectar y hacer clic desde el primer hola y hay otras personas que mires por donde lo mires, no hay conexión posible y en ese caso la relación con dicho interlocutor será negativa, poco fructífera y mucho menos interesante.
Hablando con Beatriz mientras saboreamos el segundo café de la mañana, me doy cuenta de que las relaciones entre las personas,son tan espeluznantes al otro lado del charco como aquí. Escucho atentamente sus palabras, contempló sus gestos y la entiendo como si estuviese hablando de mi misma porque vivimos situaciones tan semejantes que me parece mentira...
Familias metijas, maridos que se portan como niños, hijos que en ocasiones nos agotan, falta de apoyo por parte de los que son sangre de tu sangre y gente que sin ser familia te tratan y respetan con un cariño que sabes corresponder de igual manera...
Relaciones al fin y al cabo, que nos hacen saborear momentos y situaciones de las que siempre se aprenden, aprovechar los recursos que tengamos a mano para salir adelante de malas relaciones e intentar que esas relaciones poco fructíferas no nos causen tanto daño como en otras ocasiones.
Busquemos relaciones positivas con la gente que nos rodea, seguramente todo sea más sencillo y logremos dentro de nuestras posibilidades relaciones de calidad que nos ayuden a evolucionar como persona.