jueves, 20 de marzo de 2014

Destino: Manuel Becerra

Es mi rutina desde hace meses...el 143 se ha convertido en mi autobús de cabecera...en plena hora del café para los que comemos pronto y en plena hora de comer para la mayoría de los ciudadanos de la capital, tomo cada tarde mi autobús destino la plaza de Manuel Becerra.

Desde esa plaza comienzo mi paseo por las calles desde hoy ya primaverales, con olores diversos, desde el olor de los platos combinados de los bares de pie de calle, al del café de los jóvenes que con prisas y sin rumbo aparente llevan consigo en esos nuevos vasos portatiles, olores de flores que nacen de los árboles, almendros, pinos, abetos...

En el transcurso del viaje en autobús, coincido con muchos de los pasajeros cada tarde y ya son parte del enclave que me rodea, son personajes dentro de la platea que es el 143.

Marujas separadas, abuelos algo pachuchos que se agolpan unos con otros por bajarse los primeros al llegar a la parada del hospital Gregorio Marañón, estudiantes que aún no han comido y se dedican a escribir en sus móviles sus historias, cual crónica diaria, que no pueden dejar de relatar, madres con sus hijos, que han recogido del colegio y se las ve en el rostro sus caras de alegría o pesadez por tener que estar con ellos.

Yo simplemente me dedico a mirar por la ventana y deleitarme con el paisaje que me ofrece mi ciudad, coches por todos lados, edificios de oficinas o viviendas que llevan perpetuas desde que tengo uso de razón en los mismos sitios, el pirulí, emblema de la televisión que siempre me hace sentir diminuta ante su tremenda envergadura...

Llego a mi destino última parada del bus, a partir de ahora comienza mi andadura por el segundo acto de la obra de teatro que es cada día  nuestra vida, tenemos prefijado como va a ser ese final, pero no sabemos lo que realmente podemos encontrar en el camino.

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