Llegaron a casa de Miguel tras un viaje donde la música les acompaño a la vez que el increíble paisaje costero que podían ver por las ventanas del coche viejo pero veloz, no tardaron ni veinte minutos en llegar a una zona de campo a las afueras de Gandia.
La casa era espectacular, un poco vieja, tenia muebles ochenteros y el jardín de la entrada estaba bastante descuidado, encontrar una planta sana era como un milagro entre tanto escombro. Había un viejo balancín algo oxidado, pero que a Raquel le llamó la atención.
Miguel también como Daniela era hijo único, sus padres murieron en un accidente de coche cuando el tenia dieciséis años y esta era la casa familiar a la que Miguel sólo acudía en contadas ocasiones y siempre en compañia...no le gustaba estar en ella sólo, a diario compartía piso con su primo Manuel, que viajaba mucho por trabajo por lo que en el fondo era como si viviese allí sólo.
Nuestras chicas observaban la casa y no dejaban de revisar cada uno de los rincones de la misma, Miguel desde que bajaron del coche les dijo: " estáis en vuestra casa, disfrutad de la estancia y caminar por ella a vuestro antojo"...
Él se fue directo a la cocina, cogió una enorme paellera, y unos cuantos utensilios mas y se fue directo al jardín para empezar a preparar la comida para cuando fuesen llegando el resto de invitados.
Daniela y Raquel continuaron el paseo por el chalet, no era muy grande, tres habitaciones, dos baños, la cocina, un porche y el jardín con una mini piscina pero que era lo justo para hacer un largo en tres brazadas y volver.
Después Daniela encendió un viejo radio cassette que había en una de las habitaciones y puso una cinta de música que ponía: lo mejor del soul...
Raquel mientras tanto más dispuesta a colaborar en las tareas de la casa se encargo de abrir una mesa de madera que había en el porche y a colocar los útiles que podía necesitar Miguel para su paella, una espátula, cuchara de madera, la sal, el aceite, el arroz, la carne,
Encontró unas copas en una alacena y las puso sobre la mesa, Daniela abrió el vino que habían llevado, sirvió las tres copas y dijo con su enorme sentido del humor: " creo que deberíamos brindar, por nosotros, para que el habernos conocido sea algo positivo y este verano jamás lo olvidemos".
Y así los tres juntaron sus copas en alto y sonrientes, empezaron a fijarse un destino que les haría de una manera poco ortodoxa quedar unidos el resto de sus vidas.
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