martes, 13 de mayo de 2014

Moliendo café

No hay cosa que me guste más, reconozco que en los tiempos que corren no es una cosa de lo mas habitual, pero disfruto como una niña moliendo café.


A veces mientras estoy girando la manivela manualmente y cuando me dispongo a echar los granos en el molinillo, pienso en la gente que tengo a mi alrededor.

Siento la necesidad, en ocasiones de pensar, que esos granos de café son personas que en algún momento han formado parté de mi vida y una vez que las meto en el molinillo y las convierto en café molido han desaparecido de mi vida como el grano que fue en su día.

Gente que no me convenía, gente que solo se me acercó por interés, gente que muy a mi pesar, yo no quiero en mi vida y que por las circunstancias no se van de la espiral que es mi vida y que tengo que moler y remoler pero que no consigo convertirles en el polvo del grano molido, ya derrotado.

Me encanta el café, cada sorbo que doy de ese café molido, para mi es como una victoria, en esa batalla del grano contra mi, verlo molido, calentado y convertido en oro negro, líquido y suave, es mi victoria personal, contra toda esa gente que se presenta en tu vida, como un grano, que parace que solo viene a hacerse notar, pero que en el fondo, nunca tiene nada bueno.

Así pues, buenos días, martes trece, vamos a moler un poco de café que es hora de desayunar.

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