lunes, 17 de febrero de 2014

Equivalencias

Siempre he pensado que la pasión es como las plantas, ambas nacen, crecen, se reproducen y mueren.

A nadie nos gusta ver morir una maceta en casa, nos da pena ver como se va apagando.
Al menos a mi, que tengo muy mala mano con las plantas...las intento poner más luz, las riego a diario y ni por esas se enderezan y salen adelante.

Es como la pasión en la pareja, si la otra persona no colabora, por mucho que uno ponga de su parte, con el paso de los años la predisposición de uno sin movimiento por parte del otro, equivale a cero.

Nunca se me dieron bien las mates, soy una chica de letras, pero las ecuaciones siempre las entendí a la perfección, y además disfrutaba haciéndolas...de ahí mi fijación por las similitudes que puedo llegar a encontrar en elementos tan dispares como son un elemento de la naturaleza y un sentimiento tan básico y a la vez tan complicado.

Pasión por la vida, por levantarnos cada mañana, ese renacer de la orquídea en su maceta de barro que parece que se estira y levanta sus brazos un día, bostezando otro porque se siente perezosa, pero que si se la cuida bien sabremos que saldrá adelante, grande y poderosa, iluminando la habitación de esa extraña luz que solo las plantas contienen.

A pesar de que alguna maceta se nos quede en el camino, no hay que desfallecer en el intento de encontrar ese momento cada día en nuestra vida, para luchar por sacar adelante nuestra planta, nuestra pequeña violeta, nuestra rosa roja, nuestra pasión.

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