En toda buena construcción que se precie, deben estar bien anclados los cimientos para que el edificio en cuestión resista los vaivenes de la vida...
En las relaciones, ocurre lo mismo, por mucho que se quiera salvar una amistad o una pareja, si no existen buenos cimientos, no hay nada que hacer...se podrán poner parches a los agujeros que haya pero si ya desde un primer momento no se asientan correctamente las bases no se puede construir nada que sea realmente sólido.
Es triste pero es la realidad...hay que asumir las consecuencias y los arquitectos lo saben muy bien.
Hay ejemplos de construcciones duraderas y que aunque ha pasado incluso siglos desde su construcción, permanecen alzándose sobre grandes ciudades, como diciendo, aqui sigo, pasad y venid a verme que no me voy a desplomar jamás, como puede ser la Torre Eifel.
Luego, hay otras edificaciones más modestas e incluso en los cuentos infantiles, como el de los tres cerditos, donde uno de ellos construyó una casita de paja y tuvo que ver como el soplido del lobo, la hizo desvanecerse en pocos segundos, no tenía buenos cimientos...
Aunque nos duela, esas relaciones que están basadas en una mala base y que por mucho que luchemos contra viento y marea para sostenerla a flote, si realmente nos hacen daño y no conseguimos mantenerlas en pie, es mejor admitir que no se ha construido una base sólida y dejar caer ese dolor al suelo, porque sino el sufrimiento y la frustración de ver como se derrumba cual torre de naipes,día si y día no, nos hará mucho más daño y más aún, a los que están a nuestro alrededor.
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