Nos cuesta a todos mucho el separarnos de las cosas que nos importan, de la gente a la que queremos, de los amigos que nos entienden mejor que nosotros mismos, ¿ porque tenemos esa necesidad imperiosa de no querer separarnos de lo que nos hace felices?
Parece que se nos ha educado de tal manera que se nos pide que hay que ser autosuficientes, que debemos valernos por nosotros mismos, que no tenemos que depender de nada ni de nadie para conseguir lo que nos proponemos pero realmente todos necesitamos tener algún tipo de control sobre personas, sobre cosas...es un poco contradictorio.
A todos nos ha pasado, conocer una pareja que se separa, por discusiones que no iban a ninguna parte, por terceras personas o simplemente porque las personas llegamos a un punto donde dejamos de querer eso que antes nos "ataba" a ello y queremos sacar ese yo individualista y autónomo que nos piden ser para demostrarle al resto que podemos seguir adelante solos y sin ningún tipo de complicaciones.
Es complejo lo de separnos de las cosas que nos gustan, es complicado, más de lo que podamos imaginar...esas despedidas de amigos que viven lejos, de familia que cruza el charco y les ves por medio del ordenador a través de fotos o correos, separarnos de ese helado que nos engorda, pero que a la vez nos quita esa ansiedad que nos llamaba desde el congelador, separarnos de ese muñeco con el que dormimos, cuando somos pequeños, de esa luz encendida en nuestro cuarto para no tener miedo en la oscuridad, de ese primer día que no vas de la mano de tu madre al colegio...
Por ello que las separaciones sean en muchos casos dolorosas, pero como se suele decir, nadie dijo que vivir fuese sencillo...hagamos el gesto de separarnos de las cosas que nos reclaman, pero en su justa medida, sabiendo que de vez encuando, siguen ahí y podemos volver a ellas en algún momento.
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